A un año de mi lactancia adoptiva

Ya han pasado un año y siete días desde ese domingo 18 de abril en que comenzé con mis intentos para dar de mamar, en el tercer día de intentarlo Dido logró prenderse de a poco al pecho, yo me sentía muy cansada, frustrada y sensible tal vez por las pastillas que me habían recetado para alterar mis hormonas. En esos días mis ánimos se encontraban mal y pensé que no podía lograr amamantar nunca, esta fue la carta bella que le escribí a Dido ese día, dandome fuerzas para seguir intentándolo y también tal vez como una especie de desahogo:

“Estamos muy cansadas gordita, anoche no pudimos dormir bien porque te despertabas y papá decía que era porque querías teta pero yo sabía bien que era porque tenías hambre y no quiero verte así. Me siento muy responsable y no se si la decision que tomé es la mejor para vos, tal vez estás bien con la leche que te compramos y despues de los 6 meses podemos comprar leche en polvo. No quiero que esto se convierta en un capricho tonto si vos no lo disfrutás yo tampoco lo hago, mi paciencia y mis ganas de darte teta se están llendo y no se que es lo que anima a seguir, tu mamá tal vez, es lo que ella quería para vos: darte la teta hasta los 6 meses y yo no se si puedo, quiero hacerlo por tu bien pero no se si mi cuerpo y mi mente están preparados para esto.

No puedo seguir viendote así, llorando con hambre y siempre termino dandote de comer en cuchara pero vos querés seguir tomando en mamadera y ni hablar de lo mucho que extrañás el chupete, mi olor y mi calor al acercarte a la teta te molestan a tal grado de intentar separarte de mi con tus manitos, aquellas que apenas sabés manejar.  Ya no se que es lo mejor, a veces siento que esto solo es duradero, pero cada segundo escuchandote llorar me hace mal y no se si puedo seguir así. Papá esta feliz por que lo estoy intentando,  pero a veces siento que ya no puedo más, mi desgaste físico no tiene mucho que ver, mi desgaste emocional de verte así es lo que me está matando. Quiero darte mi leche, pero quiero que vos la quieras. Te amo cosa mía y no va a pasar mucho tiempo, no quiero verte mal y no voy a aflojar con mi rutina para darte tu leche lo antes posible, quiero que sepas que a pesar de que mis deseos de amamantarte son la causa de tu llanto yo te sigo amando y espero que esto pase pronto.”

Después de todo este tiempo me dí cuenta de que todo eso valió la pena, después de todo el esfuerzo que hice para poder dar de mamar, la lactancia se convirtió en algo muy valioso para ambas por eso mismo he llegado al camino de la crianza con apego y de la lactancia prolongada, porque comenzamos a informarnos sobre la lactancia y gracias al colecho he logrado producir la cantidad de leche que Dido necesita y he logrado descansar bien sin tener que recurrir a la leche de fórmula. Ya no recuerdo que sentí en ese momento de tanto dolor, solo me siento feliz por haberlo logrado y por este primer año de lactancia que compartimos con Dido, puedo afirmar que todo valió la pena.

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Vocación de madre

Hace dos años atrás nunca se me hubiera ocurrido que me iba a convertir en madre de esta manera, ni que yo iba a intentar amamantar a una hija adoptiva, tal vez todo me hubiera parecido muy fantasioso e impropio de mí. Siempre me gustaron los niños pero tenía la sensacion que la maternidad iba a suceder en otra etapa de mi vida, pensaba que iba a poder planearlo y decidir en el mejor momento.

Nunca me sentí demasiado conectada con mi lado maternal, solo me sentía normal como el resto de chicas de mi edad y  nunca pensé que mi vida cambiaría por completo en un año, o mejor dicho en unos meses. Nunca imaginé que me iba a enamorar así de mi pareja y mucho menos pensé que me iba a enamorar tambien de ella, el pequeño fruto de su ser.

Cuando llegué a una ciudad desconocida para cumplir un poco mi sueño que es trabajar y vivir de lo que amo hacer nunca pensé en encontrarme con la persona que iba a enamorarme por completo, nunca pensé que era capaz de poner en pausa mi carrera por una pequeña personita que ya estaba viniendo en camino.

Nunca pude predecir nada de esto, tal vez si lo hubiera visto desde afuera y teniendo en cuenta mi carrera pensaría como el resto, que no debía hacerme cargo de esa niña porque no era mi hija. No fue una decisión, tampoco fue planeado, pero ella me enamoró por completo, no podía separarme de ella desde el momento que vi esa hermosa mirada, la mirada de un pequeño ser indefenso con miedo, impregnada del olorcito al papá y con esa carita de angel. En ese mismo instante no pude imaginarme la vida sin ella, se había convertido en unos segundos en todo lo que yo necesitaba para vivir, tan simple como eso y sin explicación. Ella no estuvo en mi vientre, no tiene mi sangre, no se parece a mí pero sin embargo estamos unidas por el amor, por un lazo sin explicacion y tal vez no tenga tanto sentido, me brotó todo ese instinto maternal que raras veces  había manifestado, y de pronto me imagine cambiando pañales, calmando su llanto en la madrugada, llevandola de la mano a su primer día de escuela, abrazandola y diciendo cuanto la amo, de pronto me di cuenta que  ella me regaló la vocacion de ser madre con solo una mirada.